viernes, 17 de junio de 2016

Creencias que matan

Una masacre en Orlando, en una discoteca gay, deja 49 muertos y otros tantos heridos. Todo obra de un homófobo solitario. Gente que es capaz de matar por sus ideas, por sus creencias. Gente que no tolera la diferencia, lo distinto. Que no sabe cómo manejarse con aquello que no entiende, como si hiciese falta entenderlo todo para respetarlo.

Este mundo tiene muchos problemas, de todo tipo, y la manera en que siente y vive la sexualidad es uno de ellos, y generalmente detrás de eso está la religión, que hace mucho tiempo se empeñó en convertir la sexualidad de las personas en algo puramente animal, que sólo servía para la reproducción. Hoy en día ya se sabe que hay animales que tienen relaciones sexuales solo por placer, los bonobos, por ejemplo, que además también tienen relaciones homosexuales, como los pingüinos y los delfines. Pero esto todavía es muy desconocido y hay quienes siguen manteniendo eso de que la homosexualidad no es natural.

Estoy segura que a más de uno, al escuchar lo de la matanza de Orlando, se le habrá dibujado una sonrisa bobalicona en la cara y habrá comentado, o quizá solo lo habrá pensado, eso de “es que se lo andan buscando”. Y no faltará quien afirme que es un castigo de Dios, de ese pequeño dios que tiene mucha gente, que siempre anda más preocupado de con quien se acuestan las personas, que de los niños que se mueren de hambre, los que son violados todos los días o de las mil aberraciones que ocurren cada segundo en este terrible, al mismo tiempo, que maravilloso mundo.

Las creencias deberían ser respetadas, siempre que no se intenten imponer a los demás. Pero lo cierto es que esas ideas inamovibles que mucha gente tiene en la mente, en algunos casos extremos, pueden llevar a hechos tan terribles como lo ocurrido en Orlando hace unos días. En la mayoría de casos, afortunadamente, no se llega al asesinato, pero aun así pueden hacer mucho daño. Y habría que recordar que las creencias no son más que el resultado del lugar en que nacimos, la familia en la que crecimos y la cultura en la que nos hemos formado. Si hubiésemos nacido en otro lugar, tendríamos otras ideas y también las defenderíamos con la misma pasión e incluso podríamos matar por ellas. Porque hay personas capaces de cuestionarse sus creencias en un momento dado, pero hay muchas otras que no, que basan su existencia precisamente en la inmovilidad de las mismas.

Pensar que ser homosexual, lesbiana o bisexual es algo antinatural o anormal, no es más que una creencia. Como es una creencia que a las niñas en ciertos países se les practique la ablación del clítoris “por su bien” o que en algunas partes  del mundo la menstruación todavía sea algo que convierte de repente a una niña/mujer en alguien “impuro” o que en la India la casta de los Intocables esté condenada a la miseria más absoluta o que a las personas de raza negra hace unos años se las equiparase a los animales. Creencias y más creencias, fantasmas incrustados de tal manera en la mente de alguna gente que pueden llevarles a cometer los actos más aberrantes. Las creencias son la cárcel de algunas personas, que no contentas con vivir en ella, pretenden que todos vivamos en el misma celda y así tengamos la misma imagen reducida de la vida.

Estamos en el año 2016, en el siglo XXI, y todas y todos deberíamos saber que las creencias son solo eso, creencias. Nadie debería matar por defenderlas y mucho menos morir por ellas. Porque la muerte nos puede llegar por muchos caminos, esperados o inesperados, pero es muy triste que te mate la ignorancia.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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