domingo, 5 de junio de 2016

Cómo ser familia de acogida

Dice el artículo 6 de los Derechos del Niño: “El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material”.


El menor y la desestructuración familiar

Manos

Sin embargo, esas idílicas circunstancias muchas veces chocan de frente con la dura realidad. Miles de niños no pueden vivir con sus familias por diferentes razones, y se debe buscar en otro entorno la protección y el cariño que necesitan. Ese otro lugar puede ser una familia de acogida.

Estos menores viven una situación dolorosa, porque doloroso es para un niño no sentirse querido y protegido como necesita. Niños y adolescentes, grupos de hermanos, menores con conductas problemáticas o con minusvalías, todos ellos precisan personas adultas que quieran ocuparse de su desarrollo afectivo y social, y de su educación durante un espacio de tiempo determinado. Porque eso, sin duda, les cambiará la vida para siempre.

Acogida de niños

Acoger a una criatura que lo necesita es comprometerse a alimentarle, cuidarle y educarle durante un tiempo limitado. Es un acto siempre en beneficio del menor, que le ayudará a desarrollarse y crecer de un modo más positivo. Los niños que se entregan en acogida no superan los 17 años de edad.
Las personas que decidan ser familias de acogidas deben tener muy claro desde el principio que el acogimiento y la adopción son asuntos diferentes.
Las dos características más significativas del acogimiento son que el niño sigue manteniendo contacto con su familia biológica, y que el acogimiento es siempre temporal, aunque en algunos casos puede durar hasta la mayoría de edad.

Tipos de acogimiento

  • De urgencia: Niños hasta los seis años, por un periodo de hasta tres meses.
  • De urgencia y diagnóstico: Niños hasta los seis años, con una duración no superior a seis meses.
  • De corta duración: Niños hasta los seis años, durante un espacio de tiempo que puede llegar a los dos años.
  • De larga duración: Durante un periodo de hasta cuatro años, en función de la situación familiar del niño.
  • De vacaciones o fines de semana, aunque se puede prolongar en el tiempo si se observa un efecto positivo en el menor.
  • Permanente: Cuando es poco probable que el niño pueda volver con su familia biológica, aunque pueda mantener contacto con ella.

En cualquier caso, la familia de acogida tiene la guardia y custodia del niño, pero no la tutela, que pertenece al Estado.

Requisitos para ser familia de acogida

  • Toda persona o familia con una estabilidad económica y un entorno equilibrado para el desarrollo del menor.
  • Saber diferenciar y comprender que acoger a un niño no es adoptarle, que siempre se trata de un acto solidario para el bien del menor.
  • Tomar la decisión con sentido común y con una reflexión previa entre todos los miembros de la familia, incluidos los hijos si los hubiese.
  • Informarse adecuadamente y recibir los consejos necesarios para afrontar la situación positivamente, ya que pueden surgir problemas inesperados.
  • Tener claro que ese nuevo niño que va a pasar a formar parte de la familia necesitará que se le dedique un tiempo de calidad.

La Administración valora la idoneidad de cada persona o familia y presta ayuda ante cualquier problema que pueda surgir, así como toda la información necesaria que requiere esta singular situación.
También la Administración colabora económicamente para que acoger a un niño no sea un problema insalvable, a pesar de que no se hace cargo de todos los gastos y una parte recaerá en la familia de acogida.

Ser niño de acogida

Niño pobreLo que se le provoca a un niño, dolor o felicidad, no va a repercutirle solo en ese momento, sino en toda su vida. Por eso es tan espantoso que se les robe la infancia con abandonos, malos tratos, abusos o cualquier actitud que les produzca sufrimiento, porque también se les está cercenando su futuro. Muchos podrán superarlo con el paso del tiempo, pero otros tantos no.
Un niño es tremendamente vulnerable y para él no ser querido es desconcertante y doloroso, incomprensible y angustiante. Si tiene la suerte de encontrar en su camino aunque sólo sea una persona que le dé ese cariño y apoyo que necesita, eso cambiará toda su vida. Porque cuando se quiere a un niño, también se le está enseñando a querer y se le está mostrando un camino mejor para su futuro. Como dijo el poeta y dramaturgo alemán Friedrich von Schiller: “No es la carne y la sangre, sino el corazón lo que nos hace padres e hijos”.
Beatriz Moragues - Todos los Derechos Reservados


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