La
palabra plagio, deriva del latín plagium,
que significa robar o secuestrar esclavos. Sin embargo, en la Antigua Roma esta
expresión solo se utilizaba cuando los secuestrados eran “libertos”, es decir,
antiguos esclavos que habían conseguido la libertad.
En pleno
siglo XXI, la esclavitud sigue tan viva como en tiempos pasados. Vestida con
nuevos ropajes y camuflada de mil maneras, es el infierno donde viven millones
de personas.
La trata
de seres humanos es uno de los delitos que más dinero mueve, tras el tráfico de
armas y por delante ya del tráfico de drogas. Estas personas pueden derivar
hacia la explotación laboral o sexual, hacia la mendicidad o hacia cualquier
otra manera de esclavitud.
Este
macabro negocio mueve cifras ingentes de dinero, que según un informe de la
ONU, están entre los 7 y los 12 billones de dólares anuales. Afecta a cerca de
tres millones de personas, de las cuales casi el 50% son menores. Según Amnistía
Internacional, en España entran anualmente entre 40.000 y 50.000 personas
relacionadas con la trata de seres humanos.
Estas
organizaciones delictivas establecen estrechas relaciones con diferentes
formas de delincuencia organizada, como el tráfico de drogas y de armas.
Generalmente,
las personas captadas son víctimas de la pobreza, los conflictos armados, los
desastres naturales, la discriminación de cualquier tipo o la inestabilidad
política. Se las capta con amenazas, coacciones y engaños, para más tarde
impedirles la huida usurpándoles la documentación y obligándolas a pagar los
costes que hipotéticamente han contraído con sus captores por gastos de
desplazamiento y alojamiento, lo que las mantiene en un estado de esclavitud
perpetua.
Trata de mujeres y explotación sexual
Como
ocurre casi siempre, las mujeres y las niñas son las más perjudicadas en este
sucio negocio, cuya raíz es la desigualdad entre hombres y mujeres, tanto en
los países ricos como en los pobres. La esclavitud sexual es usualmente el
destino que les espera, en un mundo donde pertenecer al
sexo femenino es, en ocasiones, tener un boleto ganador cuyo premio es una vida
en el infierno.
La prostitución
es la siguiente parada para estas mujeres, que después de una media de tres
años son “vendidas por sus dueños” a clubes mediocres donde seguirán su cruel
trayectoria.
La pobreza, la
corrupción de los gobiernos y la desigualdad de los países pobres, son el mercado ideal donde se compra a
estas mujeres y niñas para el gran negocio del sexo. Un negocio que tiene cientos de cómplices que lo facilitan o
simplemente miran hacia otro lado por dinero.
Beatriz Moragues - Derechos Reservados
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