domingo, 5 de junio de 2016

De la insolidaria Europa a las víctimas invisibles de Siria

Un goteo inmenso y diario de dolor y sufrimiento. Hombres, mujeres, niños y ancianos huyen de la guerra, de la represión, de la violencia y de la locura. En un peregrinaje dantesco, en una carrera que en ocasiones parece no tener fin y que en otras encuentra su peor final, la muerte.

Pongámonos en el lugar de esas personas. Pongamos en su lugar a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestros hijos. Porque esas personas que escapan del terror, son sólo eso, personas, como tú y como yo. Tienen la misma piel, la misma sangre, los mismos sueños, la misma ilusión y el mismo deseo de proteger a los suyos. Y si para eso hace falta arriesgar su vida en el mar, lo hacen; y si hace falta andar kilómetros y kilómetros con su hijo en brazos, lo hacen también.

Refugiados sirios
Y llegan a Europa, como quien llega al paraíso, y se dan cuenta de que el paraíso no existe. Que las puertas se cierran, que la falta de solidaridad es la bienvenida. O quizá se quedarán por el camino en algún campo de refugiados, que según la periodista Olga Rodríguez, en ocasiones son “verdaderos campos de concentración, donde se les maltrata y se les humilla”.

Y aunque este artículo no pretende explicar el porqué de esta situación, que hay personas mucho más informadas que yo para ello, hagamos un repaso somero simplemente para saber a qué atenernos.

Dónde empieza todo


Nos podríamos remontar a finales de 1915, cuando Gran Bretaña y Francia deciden que Oriente Próximo debe dividirse en cinco zonas económicas y políticas, al margen de la religión y de la etnia a la que pertenezca su gente. Unos meses más tarde, en la primavera de 1916, se firmará este acuerdo.

Refugiados siriosY dando un gran salto, llegamos a 1980. Estados Unidos proporciona armas y apoyo a los muyahidines, porque combaten contra los soviéticos.

Una década después, George H. Bush invade Irak en defensa de Kuwait. Y en 2003, la coalición de países formada por Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Polonia, entre otros, vuelve a invadir Irak buscando armas de destrucción masiva, armas que estaban tan bien escondidas que no las debió encontrar ni el propio Saddam Husein para utilizarlas en su guerra. Y hasta hoy siguen sin aparecer.

A partir de ese momento, el país se convierte en un caos, ya sea por las pocas luces de los invasores o porque interesaba que fuese así.

Las torturas están a la orden del día y eso va radicalizando cada vez más a un buen número de iraquíes. Todo aquel que pudo escapó. Hubo más de cinco millones de refugiados y aproximadamente la mitad se quedaron en la vecina Siria.

Siria


Aunque parece que todo ha empezado hace cuatro días, desde que los refugiados han llegado a las puertas de Europa, la realidad es que este país sufre una guerra civil desde el año 2011.

Refugiados sirios
El presidente Bashar Al-Asad comete todo tipo de excesos con la población. Torturas, bombardeos y asesinatos, incluso a los niños. De hecho, al levantamiento sirio se le denomina también “el levantamiento de los niños”, porque al principio unos niños hicieron una pintada en contra del gobierno y las fuerzas de seguridad se los llevaron, los torturaron, a algunos los asesinaron, y al resto los devolvieron a su familia. Eso es una pequeña parte de lo que está sufriendo el pueblo sirio desde hace cuatro años.

La ciudad de Raqqa está ahora secuestrada por el Daesh. La gente que queda allí no puede hacer nada. Todo está prohibido, cualquier expresión de libertad, de cultura, de alegría es imposible. Atroz y terrorífico son adjetivos que se quedan cortos para lo que están viviendo los sirios.

Qué hace Europa


Europa cuenta y cuenta los refugiados que puede aceptar y de todos lo que cuenta, al final deja entrar una mínima parte. Los criminaliza, les da la espalda y reparte bombas donde se sabe que sirven de poco o nada.  Deja asomarse el fantasma de la xenofobia cada vez con menos timidez, porque la realidad es que los sirios no importan. Para quienes mueven los hilos del mundo, debe ser un verdadero contratiempo que toda esa gente no se haya quedado en su país y haya permitido que los matasen, en lugar de venir a Europa a molestar.

Salvando refugiados en el marHay personas a las que les pesa tanto la vida, que terminan ahogándose en las frías aguas del mar, intentando soltar el lastre que llevan a la espalda y que otros les han colocado. Eso le ocurrió al pequeño Aylan y a muchos otros niños y niñas, y también a muchos adultos. Y quienes pueden detener ese goteo de sufrimiento y de dolor continuo, prefieren mirar hacia otro lado.

Hay humanos llenos de oscuridad por dentro, los que matan y torturan, y los que lo permiten. Están empeñados en apagar la luz que sí tienen otros, porque la luz molesta cuando no se tienen ojos para verla. Y prefieren dejar que se apaguen las sonrisas de los niños y los sueños de los adultos, en el mar, bajo las bombas, en el frío de la noche… Donde no hagan ruido. Pero no saben que la violencia, todo eso que algunos siembran y otros no arrancan, es como una masa viscosa que se cuela por debajo de todas las puertas. Que el silencio de la muerte y del dolor, es un silencio ensordecedor que alcanza todos los lugares.

Siempre nos engañamos, siempre. Pensamos que ellos están allí y nosotros aquí, y que nada nos salpicará. Pero no es cierto.


Beatriz Moragues - Derechos Reservados


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